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La autenticidad caótica siempre superara a la perfección falsa.

  • Foto del escritor: Regencia
    Regencia
  • 22 may
  • 3 min de lectura

Por Arantza Marmolejo



¿Por qué estamos tan obsesionadas con la idea de una falsa perfección? ¿Por qué queremos vernos siempre perfectas? Que al salir el pelo esté sin frizz, la piel se vea brillosa, pero no grasosa, que al sentarnos no se hagan rollitos en la panza, tener un perfil perfecto, amistades sinceras y genuinas, pero que sobretodo tengan las mejores fotos para compartir en nuestra instastory, un cuerpo perfecto, inteligencia para sobresalir, talento en mil aspectos, ser perfectas al tener la respuesta para todo.


Vivimos creyendo que mientras más perfectas nos veamos, más dignas somos de ser admiradas, queridas o elegidas, como si tuviéramos que ganarnos el amor a través de una versión impecable de nosotras mismas…….y quizá por eso nos cuesta tanto mostrarnos humanas. Brené Brown habla de cómo muchas veces confundimos vulnerabilidad con debilidad, cuando en realidad es una de las formas más honestas de existir, nos enseñaron a ocultar todo aquello que pudiera hacernos ver “insuficientes”, como si ser reales fuera algo que hubiera que corregir.


Pero, ¿de qué sirve una perfección falsa cuando la realidad caótica es la que hace la autenticidad real?

Tener altos y bajos, despertar con manchas, granitos, estar inflamada, que al sol la piel se vea grasosa y el maquillaje se empiece a correr, que a media noche mientra bailas tu pelo se esponje, que no hables diario con tus amigas y, es más, ni una foto decente tengan juntas, que no tengas una relación de película y que incluso no conozcas muchos temas.


¿De qué sirve todo lo perfecto y falso cuando en realidad tu autenticidad caótica te regala el presente más genuino que puedes vivir?

Una autenticidad que aunque es imperfecta, es perfecta para hacerte vivir el presente, una autenticidad que aunque es imperfecta te hace sentir viva, te hace estar rodeada de la gente correcta para ti, una autenticidad caótica que te impulsa a tomar malas decisiones que después se convierten en aprendizajes. Un caos que mantiene viva tu esencia.


Porque la autenticidad no siempre se ve bonita en tiempo real, a veces se ve cansada, confundida, sensible, impulsiva, desordenada, pero sigue siendo real, y quizá por eso incomoda tanto, ser auténtica implica dejar de controlar cómo te perciben los demás. Brown decía que la autenticidad es la práctica diaria de dejar ir quién creemos que deberíamos ser para abrazar quiénes somos realmente, y honestamente, creo que eso da muchísimo más miedo que fingir perfección.


Una autenticidad perfecta que hace que las personas conecten con cosas que les recuerdan a ti, una autenticidad que te permite formar los recuerdos que tienes ahora, una autenticidad que no se mide con likes o comentarios de envidia, una autenticidad que solo las personas que se dan el tiempo de conocerte realmente pueden descubrir.


¿De qué sirve ser perfecta, si al final, lo único perfecto es la manera tan imperfecta en la que existe tu autenticidad?

Mentiría si dijera que nunca he aspirado a ser alguien que no soy

Mentiría si digo que nunca he querido esa falsa realidad perfecta de alguien más

Hasta que me enfrento a preguntarme quién podría ser como soy, y me cuestiono de la misma manera si yo pudiera ser alguien más que no soy.


La respuesta llega rápido. Si aspiro a la realidad perfecta de alguien más, entonces ¿quién tendría ahora mi caótica autenticidad?


¿Podría yo vivir la realidad perfecta de alguien más? Lo dudo. Sin embargo, es fácil para la mente desear aquello que no tiene, sin preguntarse si realmente encaja contigo. ¿Para qué quisiera una realidad perfecta ajena cuando ni siquiera coincide con lo que soy y con lo que seré?


Tal vez ahí está el problema: pasamos tanto tiempo intentando parecer perfectas, que olvidamos que las personas no conectan con perfección, conectan con verdad, con la risa descontrolada, con el maquillaje corrido después de llorar o bailar demasiado, con las conversaciones incómodas, con las versiones de nosotras que no estaban listas pero aun así vivieron. Porque al final, la perfección impresiona, pero la vulnerabilidad conecta.


Y quizá ser auténtica nunca fue verse impecable. Quizá siempre fue tener el valor de ser caóticamente imperfecta, pero realmente autentica.


Sobre la autora


Arantza es una creadora de contenido y estudiante de psicología, actualmente se encuentra haciendo un semestre de intercambio en la Universidad de Girona, España.



2 comentarios


marmolejozarategeorgina
23 may

Me encantó!!

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littleandy220
22 may

👏🏻👏🏻 muy bueno Ara

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